“La tecnología y la investigación son elementos absolutamente centrales en la adaptación digital del sector agroalimentario andaluz”
Jorge Antonio Sánchez Molina
Catedrático de Universidad de Ingeniería de Sistemas y Automática y director de la Oficina de Proyectos Internacionales (OPEI) de la Universidad de Almería

Jorge Antonio Sánchez Molina es Catedrático en el Área de Ingeniería de Sistemas y Automática y director de la Oficina de Proyectos Internacionales (OPEI) de la Universidad de Almería (UAL), donde ha realizado toda su formación universitaria.

Además de participar en Andalucía Agrotech European Digital Innovation Hub (EDIH), lidera seis proyectos estratégicos que abarcan adaptación climática, digitalización y automatización agrícola. Entre ellos, coordina el proyecto europeo LIFE-ACCLIMATE, centrado en desarrollar estrategias innovadoras para mejorar la resiliencia climática en invernaderos mediante soluciones basadas inteligencia artificial y robótica.

Sánchez Molina colabora en el desarrollo del Centro Demostrador de Espacio de Datos CropDataSpace y, desde hace ya 20 años, es miembro del Grupo de Automática, Robótica y Mecatrónica de la UAL, del que desgrana una de sus investigaciones a continuación.

  • ¿Qué problema o reto del sector agroalimentario en Andalucía aborda su investigación?

La investigación que se está desarrollando en el Grupo de Automática, Robótica y Mecatrónica de la Universidad de Almería, aborda varios de los retos estructurales del sector agroalimentario en Andalucía, especialmente en el ámbito de la agricultura intensiva bajo invernadero. Entre los principales desafíos están la adaptación al cambio climático, la optimización del uso del agua, la energía y CO2, y la necesidad de sistemas de producción más eficientes, sostenibles y resilientes. A través del modelado y control avanzado, del IoT, de la inteligencia artificial y de la robótica, entre otras tecnologías habilitadoras de la digitalización, buscamos dar respuesta a esos problemas clave para aumentar la productividad. En un contexto como el andaluz, donde la competitividad, va a depender cada vez más de la digitalización, la sostenibilidad y la eficiencia en el uso de recursos, nuestro grupo contribuye a avanzar hacia un modelo de agricultura protegida más inteligente, autónoma y preparada para los retos climáticos y tecnológicos actuales.

  • ¿Qué resultados está obteniendo o ha obtenido que sean relevantes para la transformación digital de las empresas de toda la cadena de valor agroalimentaria?

Los resultados más relevantes que estamos obteniendo para la transformación digital del sector agroalimentario incluyen la validación en empresas de sistemas avanzados de control climático y de riego que ya están logrando reducciones significativas en el consumo de agua y energía, el desarrollo de modelos predictivos de crecimiento y producción que permiten planificar cosechas y optimizar los recursos. El despliegue de redes IoT completas en invernaderos reales para una monitorización continua y fiable, y los primeros demostradores de arquitecturas ciberfísicas. A ello se suman avances en robótica colaborativa para apoyo en tareas de seguimiento, mantenimiento y recolección, así como metodologías de análisis y uso del dato que ya están adoptando cooperativas y empresas tecnológicas para mejorar trazabilidad, predicción y toma de decisiones. En conjunto, estos desarrollos están siendo transferidos al tejido empresarial y están contribuyendo de forma directa a una digitalización real, escalable y orientada a resultados en toda la cadena de valor agroalimentaria.

 

  • Desde su experiencia, ¿qué papel juega la tecnología y la investigación en la adaptación digital del sector agroalimentario andaluz?

Básico, importantísimo, la tecnología y la investigación son elementos absolutamente centrales en la adaptación digital del sector agroalimentario andaluz. Hablamos de un sector altamente competitivo y con una fuerte proyección internacional, pero que al mismo tiempo debe afrontar retos estructurales como la escasez de agua, el incremento de los costes energéticos, la adaptación al cambio climático y la necesidad de mantener una trazabilidad exhaustiva y una producción cada vez más sostenible, a la vez que competir con países donde la mano de obra es más económica. En este contexto, la digitalización no es un complemento, sino una condición necesaria para seguir siendo líderes.

  • Desde Andalucía Agrotech DIH impulsamos un ecosistema de innovación, ¿qué fortalezas considera importantes para impulsar la colaboración entre investigación, empresa y administración?

Desde nuestra experiencia, para impulsar un ecosistema de innovación sólido entre investigación, empresa y administración es fundamental apoyarse en tres fortalezas clave. En primer lugar, la confianza y la comunicación fluida entre los actores: cuando investigadores, empresas y administraciones comparten objetivos y espacios de trabajo —como laboratorios vivos, centros demostradores o plataformas de datos— se facilita la cocreación y la transferencia tecnológica real. En segundo lugar, es esencial contar con infraestructuras digitales y experimentales abiertas, capaces de demostrar tecnologías en condiciones reales; esto reduce el riesgo percibido por las empresas y acelera la adopción de soluciones basadas en datos, automatización o robótica. En tercer lugar, la administración juega un papel decisivo al generar marcos de apoyo estables, financiación orientada a retos y mecanismos de innovación colaborativa que permiten alinear esfuerzos y escalar resultados.

 

  • ¿Hacia dónde cree que debe caminar la transformación digital en el sector agroalimentario andaluz?

Creo que la transformación digital del sector agroalimentario andaluz debe avanzar de forma progresiva y realista, siguiendo una hoja de ruta clara basada en el principio de ‘primero medir, luego decidir y finalmente automatizar’. El primer paso imprescindible es lograr una monitorización completa: se necesitan sensores, sistemas de registro y plataformas de datos desplegadas en prácticamente el 100% de las explotaciones, porque no se puede optimizar aquello que no se mide. Una vez garantizada esta base, el siguiente nivel consiste en integrar los datos en plataformas interoperables que permitan analizarlos, contextualizarlos y generar conocimiento útil para agricultores, técnicos y empresas. Sólo cuando la medición y el análisis están consolidados tiene sentido avanzar hacia la predicción, la recomendación inteligente y la automatización avanzada de clima y riego. En definitiva, la digitalización debe construirse garantizando primero la calidad del dato, después su uso inteligente y, por último, la automatización de procesos. Este enfoque incremental asegura que las empresas y explotaciones agrícolas puedan adoptar la tecnología sin asumir riesgos innecesarios y con un retorno claro, además, permite que la digitalización sea escalable y ajustada a las necesidades reales del sector andaluz. Pero, para que esto ocurra, las instituciones deben actuar como habilitadoras: la Junta de Andalucía y el Gobierno Central alineando incentivos y ayudas a la adopción tecnológica, estableciendo estándares de dato e interoperabilidad y promoviendo espacios de datos sectoriales; y la UE aportando marcos regulatorios y financiación.